Ma Prem Bhama (Evelyn Figueroa)

Ma Prem Bhama (Evelyn Figueroa)

Autora del libro La Llave de tu felicidad, Certificada como doctora en medicina Holística en el Clayton School of Holistic Medicine en el año 1997, bajo la tutela de la maestra Espiritual Shanti Ragyi.  Desde entonces se ha dedicado a ayudar a las personas a alcanzar la felicidad a través de un renovador concepto de sanación espiritual que creó en el año 2000, en el que integró sus conocimientos de yoga con su experiencia en las Artes Místicas. Tras certificarse como Life Empowerment Coach, en el año 2006 incorporó técnicas de Coaching a este método. Asimismo, fusiona elementos de afirmación positiva, visualización y escritura creativa en su misión terapéutica.

En las pasadas dos décadas ha fortalecido sus estudios formales de Medicina Holística, Masaje Terapéutico, Yoga, Tai Chi y Chi Kung a través de seminarios como: Spirituality and Healing y Meditation and Visualization for everday living to enhance peak performance de Harvard University, conferencias e iniciaciones con algunos de los maestros espirituales, escritores y maestros de yoga más reconocidos del mundo como: Su Santidad el Dalai Lama, Louise Hay, Chris Griscom, Nishala Devi, Debbie Ford, Cheryl Richardson, Brian Weiss, Pete Sanders, Carolyn Myss, Iyanla Vanzant, Rodney Yee, Shiva Rea, Patabi Jois, Don Miguel Ruiz y Wayne Dyer entre otros. A la par con su camino espiritual, por más de tres décadas, ha puesto sus talentos y su creatividad al servicio de la industria publicitaria en una de las agencias de publicidad más prestigiosas de su natal Puerto Rico.

Ha dado talleres para el mejoramiento personal a exitosas compañías en Puerto Rico, alguna de ellas son: Evertec (líder en procesamiento de transacciones financieras), Mueblerías Berrios (una de las más grandes en PR), DTOP (Departamento de Transportación y Obras Publicas) y El Nuevo Día (División de Telemarketing), Grey Perú (Agencia de Publicidad) entre otras.

              MI NOVELA

Un día me encontraba en el supermercado y una de las señoras que estaba en la fila frente a mí,  le comentaba a otra que todos tenemos nuestra novela, refiriéndose a que todos tenemos nuestra historia. Quiero compartir un poco de mi novela contigo para que puedas ver que,cuando confiamos que la  Divina presencia del Universo siempre obra en nuestras vidas,todo va descubriéndose ante nuestros ojos.

En uno de los talleres “Puedo hacerlo” (I can do it) llevado a cabo en Las Vegas, escuché a Iyanla Vanzant (autora y motivadora norteamericana) decir que debemos contar nuestra historia. Cuando lo hacemos, soltamos mucho del bagaje destructivo que llevamos a cuestas. Al compartir nuestro dolor, la carga es menos pesada. Muchas veces, si no contamos nuestra historia, no nos damos cuenta del camino de sanación que hemos recorrido.  Por eso quiero contarte mi novela.

¿Y… cómo llegué hasta aquí para compartir contigo que hay un camino que te puede ayudar a cambiar tu vida? Aprendí, trabajando para transformar la mía, que no soy mi cuerpo, ni el cargo que ocupo en una organización, ni un carro, ni lo que poseo; soy  un estado de conciencia que es interdependiente con todo lo que le rodea. También he aprendido en el budismo (tanto en el Tibetano como en el de Nichiren Daishonin) y la Yoga, que todos estamos conectados y que todo lo que hacemos afecta nuestra vida y nuestro medio ambiente. Asimilé que la vida es maravillosa si nos lo proponemos. Aprendí que, (como dice Wayne Dyer, autor e inspirador norteamericano) “Si cambias la manera de mirar las cosas, las cosas que miras cambiarán”. Como dijo Shakyamuni Buda, todo está en la mente. Si cambiamos nuestra manera de pensar y aprendemos a meditar, si hacemos nuestra práctica espiritual (cualquiera que hayamos escogido) y analizamos los eventos que ocurren en nuestra vida,  todo irá cambiando poco a poco.

¿Por qué sé que esto funciona? Porque lo he vivido. He salido de las oscuras tinieblas de las drogas y la adicción. Salí de una relación abusiva y maltratante donde mi autoestima estaba maltrecha. Tristemente pensaba que si dejaba al hombre que me maltrataba y abusaba de mí, la vida se acabaría. Muy dentro de mí -sin yo reconocerlo- pensaba que no merecía algo mejor y que la vida era sólo dolor y sufrimiento.

Luego de cientos de intentos para dejar las drogas, cansada de ir de punto en punto y de decir “esta es la última vez, no lo vuelvo a hacer, estoy en control y lo puedo dejar cuando yo quiera”, sentí que ya no podía más y no quería seguir así.

Una Navidad, mi hermano me dijo que yo necesitaba ayuda. No lo podía creer, ¡yo que “siempre estaba en control!” Ese primer día de Año Nuevo decidí quedarme en mi casa y no salir, no ver a nadie. Lloré, supliqué y pedí a Dios que me ayudara; solamente Él lo podía hacer (primer y segundo paso de Alcohólicos Anónimos: Reconocer que nuestra vida se ha vuelto ingobernable y que sólo un poder superior a nosotros puede ayudarnos).

Estuve siete días encerrada en mi casa, orando, pidiendo a Dios que me ayudara a salir del infierno en que estaba. Al final de la semana sentí que algo había cambiado en mí, que Dios me había escuchado. Sentí la grandeza de la Gracia de Dios revelada en mi vida. Esa Energía Divina que me sostuvo durante ese tiempo ha seguido manifestándose y mostrándose ante mí, abriéndose como un libro, dándome un mensaje en cada página de la historia de mi vida, y por eso estoy Eternamente Agradecida. La Gracia de Dios me sostuvo y renací a una nueva vida.

Sin embargo, responsablemente quiero decir que si tienes un problema de adicción debes buscar ayuda de un profesional. Mi caso es uno de muy pocos en los que se puede dejar las drogas por sí mismo.

Puedo dar fe de que la Energía Universal (o Dios) me ha llevado de la mano y me ha protegido siempre. Ése fue uno de los muchos saltos cuánticos en mi vida y una serie de sucesos se fueron manifestando uno tras otro, tras otro, tras otro. Se abrieron puertas y sucedieron eventos, que en un principio no me daba cuenta, eran lo mejor para mí. Ahora miro atrás y sé que muchos de ellos -aunque dolorosos para mi ego- fueron lo mejor que me pudo haber pasado.

Años más tarde y como dice el dicho: “El maestro aparece cuando el discípulo está listo”, tenía una bronquitis descomunal y estaba viendo el programa de Cristina Saralegui, moderadora y animadora de “El Show de Cristina”. Allí vi a una mujer que estaba dando su testimonio de cómo había sanado de cáncer. Luego su facilitadora explicó cuál había sido el proceso de sanación y cómo la conexión cuerpo-mente había sido utilizada para la sanación de esta maravillosa mujer que se veía muy saludable.  Al terminar el programa pusieron los números de teléfono y  me sorprendí al descubrir que esta mujer vivía en Puerto Rico. Al otro día llamé y un 25 de julio de 1991 (antes de eso había ido a varios analistas, psicólogos, etc.) mi querida maestra de yoga, masaje y otras artes místicas, Shanti Ragyi, me recibió. Ese día cambio mi vida y puedo decir que renací.

Al entrar llené un cuestionario que tenía casi 50 preguntas y luego…. la prueba de fuego. “Párate frente al espejo”, me dijo, “y repite: me amo y me  acepto como soy”. Aquí sí que la cosa se puso seria. ¡Dónde me he metido, Dios mío!, pensé. Oí su voz dulce y melodiosa: “Dilo fuerte, que se oiga: “me amo y me acepto como soy”. Así que comencé a decir (bajito,  bajito, casi ni me escuchaba), me amo y me acepto como soy. “Sigue fuerte que se oiga”. Me amo y me acepto como soy. ¡Ay Dios mío! Bueno, después de todo no se oye tan mal, se siente chévere amarse y aceptarse; y por fin terminé diciendo en voz alta ME AMO Y ME ACEPTO COMO SOY.

Ese fue mi primer gran salto cuántico. Desde ese momento he aprendido a aceptarme y a amarme como soy. Entiendo que estoy en el planeta Tierra (en el Samsara: ciclo interminable de nacer, morir y volver a nacer) y que todavía no me he iluminado y sigo trabajando para ello. Acepto mis virtudes y me esfuerzo para mejorar y cambiar lo que quiero cambiar. Reconozco que este caminar es paso a paso y que, como dice Lao Tsu en El Tao Te Ching, “el viaje de las 10,000 leguas se comienza con un solo paso”. Voy poco a poco, perdonándome cuando hago algo que entiendo no está de acuerdo a la ética que he escogido para vivir y tomo acción para corregir lo que haya que corregir.

Ha habido muchos saltos cuánticos en mi vida, siempre saltando a lo desconocido para mí, sabiendo que algo más grande que yo está siempre para apoyarme. Católica, cristiana de avivamiento, maestra de yoga y estudiante de Budismo Tibetano, Tai Chi y el budismo de Nichiren Daishonin. Todo para llegar a la conclusión de que mi comunión (Yoga) con esa fuerza que todo lo mueve, todo lo une, todo lo sostiene y de la que todo esta hecho, es única e individual, pues es entre Ella/El y yo. Esa comunión es la que me ha dado paz y serenidad, y me ha sostenido en los momentos más retantes de mi vida.

Así comencé a probar conmigo este sistema y descubrí que sí funciona. Como dice Sarita, una de mis maestras de yoga: “esto funciona, sólo hay un requisito, hay que hacerlo”. Mi Ser Superior me ha llevado por caminos maravillosos y me ha abierto puertas, hasta llegar a escribir este libro que sé es para el beneficio de todo el que lo lea. Sé que esto funciona, sólo hay un requisito, hay que tomar acción, tomar las riendas de nuestras vidas y mover el Mandala para la Transformación © (La Rueda).

 

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es un estado de consciencia.

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