Cómo orar

Cómo orar

Una vez Moisés se encontró con un hombre que estaba rezando, pero que estaba diciendo una oración tan absurda que Moisés se detuvo. Y no sólo era absurda, sino que la oración era un insulto a Dios! Moisés le gritó: “Alto, alto, de estas tonterías. ¿Qué estás diciendo? El hombre le dijo: Yo soy un hombre muy pobre y sin educación, y sé que no sé cómo orar. Yo lo he inventado, pero si sabes la manera correcta de rezar por favor enséñame.” Moisés le enseñó la manera “correcta” de orar y el hombre le agradeció con lágrimas en los ojos. Moisés por su parte estaba muy feliz. Y Dios….. estaba muy enojado. Le dijo a Moisés: Te he enviado para que acerques a las personas a mí, pero ahora has alejado a uno de mis más grandes adoradores, uno de mis más grandes amantes. Esa gran oración que le enseñaste, no es una oración por completo. La oración es amor y con amor la gracia y la verdad se manifiestan. Recuerda, si puedes entender la verdad, la verdad te liberará y no hay otra liberación. (Osho-Neo Tarot)

Muchas veces en la vida nos empeñamos en “salvar “a los demás porque están en el camino espiritual incorrecto. La mayoría de las guerras ocurren por querer imponer nuestro criterio religioso. La falta de tolerancia es rampante y el ego del “devoto” hace estragos entrando en contiendas donde la falta de amor es evidente y hace mucho daño.

En el caso del cristianismo: “Un mandamiento nuevo nos da el Señor, que nos amemos todos como nos ama Dios”. Si supiéramos como nos ama Dios, jamás condenaríamos a los que no profesan nuestra fé. Nunca los agrediríamos y mucho menos diríamos que son hijos del Diablo. Lo mismo se aplica a otras religiones.

¿Por qué el empeño en hacer valer nuestra opinión, yo estoy bien y tu estás mal? Por la oscuridad fundamental que habita en nosotros. Ese lado oscuro de nuestro ser tiene muchas caras: la del miedo, el coraje, el egoísmo, la manipulación, la mentira, la crítica, la del juicio, la hostilidad, la ira, la envidia, entre otros. Todo aquello que resistimos de nosotros mismos, socava nuestros verdaderos atributos y nuestras mejores cualidades. Cuando ocurren situaciones en que vemos cara a cara nuestro lado oscuro nuestra primera reacción es tratar de huir y la segunda tratar de negociar para no tener que reconocer las malas acciones que hemos cometido. Esos sentimientos oscuros son parte íntegra de lo que somos como persona. Carl Gustav Jung dijo: “Prefiero ser completo que bueno”, refiriéndose a que es preferible integrar todos los rasgos de nuestra personalidad, los buenos y los que queremos mejorar, para ser un ser humano honesto.

El Dr. Bernard Gunter (maestro, sanador, consejero y autor de varios libros) por su lado expone que: “Aunque no somos nuestros sentimientos, necesitamos experimentarlos plenamente. Cuando son aceptados y experimentados completamente, ellos cambiarán, evolucionarán y se transmutarán en una conciencia más libre, creativa y enérgica”.

Necesitamos aceptar quienes somos, con nuestras fortalezas y debilidades. Cuando aceptamos y reconocemos que tenemos rasgos que hay que mejorar hemos dado el primer paso para trabajar y arrojar luz a nuestro lado oscuro. Esto nos ayuda a movernos en amor y aceptar a los demás tal y cual nos hemos aceptado.

Dios nos ama tal y como somos. Entonces, ¿por qué no amar a los demás como son? Demuestra tu camino espiritual amando incondicionalmente y sin juzgar, es con el ejemplo con lo único que podemos atraer a los demás a recorrer con nosotros el sendero de la luz.

 

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