Actitudes infantiles que nos mantienen atrapados

Actitudes infantiles que nos mantienen atrapados

Durante nuestra etapa de adultos hay actitudes y comportamientos infantiles que nos persiguen. En muchas ocasiones  no nos damos cuenta de que estamos actuando como niños en lugar de actuar como personas maduras. Estos comportamientos se manifiestan en nuestro ambiente de trabajo, en nuestras relaciones y en todas las áreas de nuestra vida. Hay cuatro conductas infantiles que pueden hacer mucho daño porque están basadas en el miedo. Estas son:

1-     Yo no fui – En el “yo no fui, fue fulano” estamos actuando bajo el  miedo de la niñez donde los patrones padre/madre-hijo(a) de disciplina emergen y por miedo a que nuestro Padre/Madre (figura de autoridad) nos “regañe”, preferimos culpar a un inocente. En los ambientes de trabajo y en los grupos a los que pertenecemos, esto se hace evidente cuando no se ha cumplido alguna encomienda y es más fácil echarle la culpa a otro que aceptar la responsabilidad de nuestras acciones. Esto se debe a que no se tiene la integridad ni la madurez necesaria para enfrentar las consecuencias de las decisiones tomadas.

2-     Yo no dije eso = Aquí nuevamente no aceptamos  nuestra responsabilidad, infiriendo que la persona que escuchó nuestra comunicación no entendió lo que queríamos decir. Cuando le echamos la culpa a otro no nos tenemos que enfrentar con nuestras fallas de carácter y aceptar que somos humanos y que nos podemos equivocar.

3-     Presión de grupo –en este ambiente, el miedo al rechazo nos lleva a actuar impulsados por el deseo de aceptación. En nuestra niñez, para lograr que nos incluyeran en las actividades del grupo, actuábamos sin pensar en las consecuencias, lo único que importaba era pertenecer al grupo. Ahora de adultos, muchas veces comprometemos nuestra integridad y nuestros valores para ser aceptados.

4-     Rabietas – Si nos criamos en un hogar donde el maltrato –tanto físico como emocional- era la orden del día, pudimos haber crecido pensando que esto es natural y normal. Al no tener otro marco de referencia, repetimos este patrón  con nuestra pareja,  nuestros hijos, en nuestro ambiente de trabajo y en cualquier situación en la que tengamos que interactuar con otras personas. De la misma manera, cuando algo no sale como queremos, actuamos violentamente gritando y con una actitud de arrogancia  hacia la persona o personas que no han hecho lo que queríamos.

Para salir de estos comportamientos infantiles –muchas veces destructivos- es necesario analizar nuestras acciones, reconocer nuestro comportamiento, aceptarlo y  tomar acción para cambiarlo.  Al finalizar nuestro día es importante hacer una introspección y examinar cuáles fueron nuestras reacciones ante determinadas situaciones. Si no hacemos este análisis no podemos identificar nuestro miedo infantil y superarlo. Soltar el orgullo que nos mantiene atados a estos comportamientos es una parte importante de la sanación.  También cultivar la virtud de la humildad nos ayuda a ser justos, ya que uno de los fundamentos de la humildad es la justicia.

Hay que ser  valiente para aceptar que se ha cometido un error y tomar la acción necesaria para enmendarlo.   Valiente es el que aun teniendo miedo, hace lo que es necesario hacer para corregir sus errores y tener la determinación de trabajar para ser un mejor ser humano.

Ma Prem Bhama, Certified Empowerment Coach

maprem@onelinkpr.net

 

 

1 Comment

  1. Entonces la humildad es la esencia de la justicia

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